La melatonina es uno de los suplementos más populares para tratar el insomnio, el desfase horario y mejorar la calidad del sueño. Sin embargo, estudios recientes han puesto en evidencia posibles repercusiones en la salud cardiovascular cuando se utiliza de manera prolongada.
En esta nota analizaremos para qué sirve, quiénes deberían tomarla, sus efectos secundarios a largo plazo, el estudio clave que relaciona su uso crónico con problemas cardiacos y, finalmente, recomendaciones.
Melatonina ¿qué es y para qué sirve?
La melatonina es una hormona producida por la glándula pineal que regula el ciclo sueño-vigilia. Su uso farmacológico o como suplemento suele estar indicado para:
- Insomnio transitorio o dificultad para iniciar el sueño.
- Jet lag por cambio de zonas horarias.
- Alteraciones del ritmo circadiano (por ejemplo, trabajo por turnos).
- En algunos casos, como coadyuvante para mejorar la calidad del sueño en personas mayores o con condiciones específicas.
Aunque en muchos países se vende sin receta, su función es básicamente de ayuda puntual al sueño y no siempre como una solución crónica sin supervisión médica.
¿A quiénes está recomendado? (y quiénes deben tener precaución)
La melatonina puede estar recomendada para personas con insomnio leve o de inicio (dificultad para dormirse) que quieren alternativas no benzodiazepínicas, viajeros frecuentes con jet-lag y trabajadores nocturnos o con turnos cambiantes, bajo supervisión médica.
Sin embargo, debe usarse con precaución o evitarse en personas con enfermedad cardiovascular establecida o insuficiencia cardíaca, dado el estudio reciente. En niños y adolescentes sin supervisión médica, ya que pueden afectar el desarrollo hormonal y en mujeres embarazadas o en lactancia sin valoración médica.
También en personas que ya toman medicamentos que pueden interactuar (por ejemplo, anticoagulantes, inmunosupresores).
Efectos secundarios a largo plazo
Los efectos secundarios más comunes a corto plazo incluyen somnolencia residual, mareos, cefalea, sueños vívidos o pesadillas. Sin embargo, lo que preocupa ahora es el uso prolongado (más de 12 meses).
Se han reportado alteraciones del ritmo cardíaco, bradicardia inducida por melatonina en personas por lo demás sanas. Además, existe una interferencia potencial en el sistema hormonal, especialmente en jóvenes.
En resumen, aunque se consideraba “segura” a largo plazo, la evidencia emergente sugiere que no es inocua y que su uso prolongado debe revisarse.
Estudio donde se revelan repercusiones en la salud (uso a largo plazo)
Un análisis presentado en la American Heart Association (AHA) en noviembre de 2025 examinó registros de más de 130.000 adultos con insomnio.
Quienes usaron melatonina durante al menos un año tuvieron un riesgo 90% mayor de desarrollar insuficiencia cardíaca (4,6% vs 2,7%), fueron 3,5 veces más propensos a ser hospitalizados por insuficiencia cardíaca y casi el doble de riesgo de muerte por cualquier causa (7,8% vs 4,3%) durante cinco años.
Los autores advierten que “esto no demuestra causalidad”, pues podría ser que personas con insomnio crónico tengan riesgo cardiovascular mayor de base. Aun así, la asociación llama a reconsiderar la “seguridad” de su uso prolongado.
Recomendaciones de uso
- Utilizar melatonina bajo supervisión médica si se planea usar más de unas pocas semanas.
- Emplearla solo cuando sea necesario, no como hábito fijo sin reevaluación.
- Adoptar o reforzar hábitos de higiene del sueño: rutina de hora fija para acostarse, ambiente oscuro, evitar pantallas, cafeína, etc.
- En caso de enfermedades cardíacas u otros factores de riesgo, evitar auto-prescripción y discutir con cardiólogo o especialista en sueño.
- Elegir marcas confiables certificadas, ya que los suplementos en muchos países no están regulados rigurosamente.
La melatonina ilustra un dilema creciente en materia de salud, el apego a “remedios rápidos” frente a problemas complejos de sueño. Que una sustancia vendida sin receta pueda asociarse a riesgos cardíacos graves obliga a cuestionar nuestra cultura de consumo médico.
No basta “tomar una pastilla” para resolver el insomnio, detrás del síntoma puede estar estrés, apnea del sueño, estilo de vida desordenado o enfermedades subyacentes. El verdadero desafío para el usuario y el prescriptor es equilibrar beneficio, riesgo, contexto individual y tiempo de uso, evitando dependencia y banalización del cuidado del sueño.