Sudán atraviesa la peor emergencia humanitaria del planeta con guerra abierta entre las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), millones de desplazados, hambruna en focos del país y denuncias de masacres y ejecuciones en Darfur.
La caída de El Fasher último bastión del ejército en Darfur desató un nuevo ciclo de violencia y hambre que ya sacude a toda la región del Sahel.
Origen del conflicto civil y social en Sudán
El conflicto actual estalló el 15 de abril de 2023, cuando la rivalidad entre el jefe del ejército, Abdel Fattah al-Burhan, y el líder de la RSF, Mohamed Hamdan “Hemedti”, se transformó en guerra abierta.
La RSF (con raíces en las milicias janjawid de Darfur) y el ejército se disputaron poder político, rutas económicas y aparatos de seguridad, sobre un país ya tensionado por décadas de conflictos centro-periferia, crisis económicas y procesos de transición truncos tras la caída de Omar al-Bashir.
En Darfur, esa lógica reavivó violencias étnicas que escalan desde 2023, incluyendo limpieza étnica contra la comunidad masalit documentada por organismos de derechos humanos.
¿Cuál es la situación humanitaria en Sudán? desplazamiento masivo, hambre y colapso de servicios
Al momento Sudán concentra el mayor desplazamiento interno del mundo con millones de personas huyendo de combates, saqueos y falta de alimentos. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reporta casi 9 millones de desplazados internos y una ola continua de refugiados hacia Chad, Sudán del Sur y Egipto.
La inseguridad alimentaria (IPC por sus siglas en inglés) alcanza niveles IPC 3+, es decir, crítica a escala nacional y la hambruna (IPC 5+), confirmada en El Fasher y Kadugli por agencias de la ONU. La destrucción de hospitales, el bloqueo a convoyes y la fragmentación territorial impiden una respuesta efectiva.
Violencia extrema y ejecuciones masivas a manos de la RSF
La RSF ha sido señalada por múltiples informes de las United Nations Office of the High Commissioner for Human Rights (OHCHR) como responsable de al menos 990 ejecuciones sumarias solo en el primer semestre de 2025, en el contexto de combates en Darfur, Khartoum y otras zonas.
En el caso de la ciudad de El Fasher (Darfur Norte), documentos de satélite y testimonios analizados por la Humanitarian Research Lab y Yale University señalan un posible rango de 2.000 o más civiles ejecutados durante las primeras 48 horas tras la toma de la ciudad por la RSF a finales de octubre de 2025.
Asimismo, entre el 11 y el 20 de agosto de 2025, la RSF mató al menos 89 civiles en una serie de ataques en Darfur incluyendo 16 casos de ejecuciones sumarias, según la ONU.
El Fasher como punto de quiebre ¿qué pasó y por qué importa?
La RSF rompió un asedio de 18 meses y capturó El Fasher, capital de Darfur del Norte, lo que precipitó éxodos hacia Tawila y zonas rurales exhaustas, posteriormente abrió un corredor para disputar El Obeid (Kordofán).
Sobre esto, la ONU alertó al Consejo de Seguridad sobre la “espiral fuera de control” y pidió cese al fuego y embargo de armas. Analistas advierten que, sin presión externa y mecanismos de rendición de cuentas, la guerra puede fragmentar aún más el país.
El colapso de seguridad ha empujado a cientos de miles a cruzar a Chad (especialmente desde Darfur Occidental), a Sudán del Sur (desde Kordofán y Nilo Blanco) y a Egipto (desde Jartum y el norte).
Ciudades como Tawila duplicaron su población desplazada en meses; los campamentos carecen de agua segura, saneamiento y protección. Por su parte, las agencias humanitarias piden acceso y financiamiento para evitar una catástrofe de salud pública.
Economía de guerra y vacío estatal ¿por qué se prolonga la crisis?
Ambos bandos dependen de rentas de guerra (minería, contrabando, peajes, saqueo) y de apoyo externo; el aparato estatal colapsado limita la provisión de salud, educación y seguridad.
En este contexto, armas y drones fluyen pese a llamados del Consejo de Seguridad, y los acuerdos de papel no se implementan en terreno.
Lamentablemente, sin presión coordinada (sanciones específicas, trazabilidad de armas, justicia penal internacional) la impunidad alimenta la continuidad del conflicto.
Crisis humanitaria como mensaje
La tragedia de Sudán no es un “conflicto lejano”, sino un fracaso colectivo, que empezó en el Estado sudanés, con líderes militares que privatizaron la violencia, y de una comunidad internacional que reacciona tarde mientras niños mueren por hambre o bombas.
El Fasher hoy es una alerta con mensaje para todos. Sin acceso humanitario sostenido, protección de civiles, embargo de armas aplicable y justicia contra perpetradores (empezando por las masacres en Darfur), la guerra seguirá vaciando ciudades y campos.
La paz en Sudán exige política, responsabilidad y memoria pues no existe una reconstrucción posible sobre fosas comunes.