El culto a la Santa Muerte pasó en pocas décadas de ser un rito marginal, practicado en altares clandestinos, a convertirse en uno de los movimientos religiosos que más rápido crece en las Américas, con presencia desde Canadá hasta Chile.
Para unos es una “santa milagrosa” que protege a pobres, migrantes, presos y trabajadoras sexuales; para otros, un culto distorsionado ligado a la narcocultura y la glorificación de la violencia.
La Iglesia católica mexicana lo condena como práctica “dañina” y “satánica”, pero millones de devotos siguen encendiendo velas frente a una figura esquelética envuelta en túnicas de colores.
Orígenes: entre diosas prehispánicas de la muerte y santos coloniales
Los especialistas coinciden en que la Santa Muerte es un culto sincrético, producto de capas históricas superpuestas:
- Raíces prehispánicas: se relaciona con antiguas deidades mesoamericanas de la muerte, como Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli, señores del inframundo en la cosmovisión mexica.
- Época virreinal: con la evangelización, las imágenes indígenas de la muerte se mezclan con el catolicismo barroco, procesiones, altares domésticos y representaciones de “la Parca”.
- Primeras referencias modernas: crónicas ubican devociones a una figura llamada simplemente “La Muerte” alrededor de 1795 en pueblos del centro de México; otras versiones señalan apariciones en el siglo XIX en Veracruz.
Durante mucho tiempo fue un culto secreto, asociado a prácticas de brujería, curanderismo y peticiones privadas de amor, suerte o protección. No será hasta el siglo XX cuando la Santa Muerte tome la forma icónica que hoy conocemos.
Del siglo XX a Tepito, la Santa Muerte se hace visible
La etapa de “rápida consolidación” del culto se da desde mediados del siglo XX. En las décadas de 1960–1970, surgió una expansión de la devoción en zonas como Catemaco, Veracruz, centro de brujería y chamanismo popular, pese al rechazo abierto de la Iglesia católica.
A partir de los años 90 y sobre todo del 2000, altares callejeros en barrios populares de Ciudad de México (como Tepito, con figuras como Enriqueta Romero) sacó la imagen del clóset religioso y la vuelven mediática.
Se multiplican capillas, puestos de veladoras, estampas, novenas, rosarios y oraciones impresas, muchas veces comercializadas en mercados informales.
En este contexto, la Santa Muerte adopta su aspecto moderno. Es decir, esqueleto humano cubierto por túnica (blanca, roja, negra, dorada, etc.), con atributos como guadaña, mundo, balanza, reloj de arena y, en ocasiones, rosario o flores.
¿Quiénes son sus devotos y qué le piden?
Contrario al estereotipo mediático, el culto a la Santa Muerte es socialmente muy diverso. Sus devotos son habitantes de barrios populares, vendedores ambulantes, trabajadoras sexuales, migrantes, presos, personas LGBTIQ+ y familias que se sienten excluidas de la Iglesia institucional.
Existen personas que la consideran una especie de “santo de último recurso”. Pues cuando otros santos no responden, “la Niña Blanca” sí lo hace. Se ha evidencia en investigaciones y reportajes que incluso policías y personal de seguridad que la invocan como protectora frente al peligro diario.
Entre las peticiones más frecuentes están:
- Protección frente a la violencia, asaltos, detenciones o venganzas.
- Trabajo y dinero, especialmente en la informalidad.
- Amor, salud, justicia y resolución de conflictos familiares o legales.
En la práctica, muchos devotos se declaran católicos y, al mismo tiempo, fieles de la Santa Muerte, combinando misas, rosarios y altares “non sanctos” en la misma casa.
La narcocultura y la Santa Muerte ¿relación real o estigma?
La cobertura mediática asocia a menudo la Santa Muerte con el narcotráfico. Hay razones, pero también matices.
Investigaciones sobre narcocultura señalan que algunas células criminales y pandillas han adoptado a la Santa Muerte como símbolo de identidad y protección, construyendo altares en casas de seguridad, túneles o campamentos.
En cateos y operativos se han encontrado figuras esqueléticas junto a armas, drogas y amuletos, lo que refuerza la imagen mediática de una “santa de narcos”.
Sin embargo, especialistas advierten que no hay una relación estructural ni exclusiva entre la Santa Muerte y el narco. También hay devotos policías, amas de casa y comerciantes. Vincularla solo al crimen organizado es reductor y estigmatizante.
Lo que sí existe es una “variante narco” del culto (una reinterpretación violenta dentro de la narcocultura) distinta de las formas más antiguas y domésticas de devoción.
La postura de la Iglesia católica
La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y diversas diócesis han sido muy claras. Califican el culto a la Santa Muerte como “distorsionado”, “dañino” y contrario al evangelio, y lo asocian con la glorificación de la violencia y la narco cultura.
En 2024, los obispos exhortaron a rechazar la “narco cultura y los cultos distorsionados como la Santa Muerte”, denunciando que “erosionan el tejido social” de México.
Al mismo tiempo, otros grupos religiosos marginales han tratado de institucionalizar el culto: por ejemplo, la Iglesia Católica Tradicional México–Estados Unidos intentó registrarse ante el gobierno mexicano poniendo a la Santa Muerte en el centro de su devoción, aunque perdió su reconocimiento oficial pocos años después.
¿Hasta dónde ha llegado este culto?
No existen censos religiosos oficiales sobre la Santa Muerte, pero varias fuentes ofrecen estimaciones.
Según el especialista Andrew Chesnut (Virginia Commonwealth University), la Santa Muerte es el movimiento religioso que más rápido crece en las Américas, con presencia fuerte en México, Estados Unidos y Centroamérica.
Análisis citados por InSight Crime y Voice of America estiman alrededor de 12 millones de devotos en el mundo, con focos principales en México, Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Honduras, y expansión hacia Colombia, Ecuador y Perú, entre otros países.
En Estados Unidos se han abierto capillas y tiendas esotéricas dedicadas a la Santa Muerte en ciudades como Los Ángeles, Houston, Nueva York y Chicago, donde convive con otras devociones latinas. Hoy la Santa Muerte circula en:
- Altares callejeros y domésticos.
- Tatuajes, corridos, películas, series y redes sociales.
- Productos comerciales como velas, perfume, tabaco, tequila, estampas y figuras de todos los tamaños.
El culto a la Santa Muerte ¿qué dice sobre nosotros?
Más allá de polémicas morales, el auge de la Santa Muerte habla menos de una “moda satánica” y más de un vacío de protección y sentido en amplias capas de la población.
Cuando el Estado no garantiza seguridad, cuando las iglesias parecen lejanas o moralizantes, cuando la vida cotidiana está atravesada por el riesgo, la figura de una muerte que escucha a todos (justos e injustos) se vuelve seductora.
La Santa Muerte no pregunta por el pasado, solo por la fuerza de la promesa, el voto, la ofrenda. Millones de personas sienten que una calaca envuelta en túnica les ofrece protección y justicia.
Entender el culto a la Santa Muerte no significa celebrarlo ni condenarlo automáticamente, sino escuchar lo que revela sobre la violencia, la desigualdad, el abandono y la búsqueda de sentido en el México y la América Latina del siglo XXI.