Mientras Estados Unidos y Europa intensifican sus sanciones para frenar la venta de petróleo ruso tras la invasión a Ucrania, el Kremlin sostiene que su economía es “inmune” a las restricciones.
Pero detrás de ese discurso, investigaciones internacionales muestran un panorama mucho más complejo, la supervivencia del petróleo ruso depende de una flota en la sombra, un conjunto de buques “fantasma” y “zombis” que operan en los márgenes de la legalidad.
Estos barcos, viejos, opacos y sin controles, mueven millones de barriles de crudo ruso, iraní y venezolano por rutas clandestinas, alimentando a compradores que buscan precios bajos y gobiernos que necesitan esquivar sanciones.
Hoy, esta red no solo financia la maquinaria de guerra de Putin, sino que también está siendo vinculada a operaciones híbridas de espionaje y sabotaje contra Europa.
Flota Fantasma Rusa ¿qué es realmente?
Tras la invasión rusa de Ucrania, el comercio del petróleo se transformó. Con los topes de precio impuestos por el G7 y la prohibición europea de importar crudo ruso, Moscú necesitaba una forma de continuar vendiendo su principal fuente de ingresos.
La respuesta fue replicar y escalar el modelo utilizado por Irán y Venezuela durante años. Una red de buques viejos, mal asegurados, registrados con banderas falsas o de conveniencia, operados por compañías pantalla creadas para evitar cualquier trazabilidad.
De acuerdo con investigaciones recientes:
- Esta flota supera los 1.100 buques, de los cuales más de 400 son petroleros que transportan crudo.
- Muchos operan en condiciones peligrosas y con tripulaciones abandonadas, sin salario ni rescate, atrapadas en altamar durante meses o incluso años, según denunció la BBC.
- Sus rutas se han vuelto más agresivas y clandestinas desde 2022, coincidiendo con la intensificación de las sanciones.
- Rusia insiste en que es una actividad comercial “legítima”, pero los organismos internacionales la describen como el mayor sistema de contrabando energético del mundo.
¿Cómo opera? apagones del AIS, rutas invisibles y barcos ‘zombis’
Buques que desaparecen del radar
Una de las prácticas más comunes es el apagado intencional del AIS, el sistema de identificación automática. Con ello, los barcos pueden “desaparecer” durante horas o días para realizar maniobras ilegales.
Otros realizan spoofing o emisiones de posición falsas, simulando estar en otro punto del planeta.
Transferencias barco a barco para borrar el origen del crudo
La flota fantasma realiza transferencias ship-to-ship (STS) en aguas de difícil monitoreo, como Grecia, Marruecos o aguas internacionales.
Un petrolero con crudo ruso lo pasa a otro barco “limpio”, que aparece luego en el mercado sin señales del origen sancionado.
Propiedad opaca y compañías fantasma
Muchos de estos barcos son “zombis”. Petroleros de 20, 25 o hasta 30 años, comprados por empresas offshore sin rostro en Emiratos, Seychelles, Hong Kong o Chipre.
El verdadero dueño es prácticamente imposible de identificar, lo que dificulta sanciones y reclamos ante desastres ambientales.
Irán, Venezuela y empresarios occidentales participan del esquema
Un reciente artículo de investigación de la BBC revela un punto clave, esta red no es exclusiva de Rusia. También se benefician:
- El régimen iraní, que usa la misma infraestructura para sacar crudo hacia Asia.
- El gobierno venezolano, que aprovecha la opacidad para colocar petróleo pesado en el mercado internacional.
- Empresarios occidentales oportunistas, dispuestos a arriesgar seguridad, ética y legalidad a cambio de petróleo barato.
Esta mezcla de actores crea una red global de intermediarios sin escrúpulos, donde la prioridad es maximizar ganancias, incluso a costa del medio ambiente y de la seguridad marítima.
La otra cara: espionaje, sabotaje y guerra híbrida en Europa
Lo más inquietante del análisis de la BBC es que la flota fantasma parece tener usos más allá del contrabando energético.
Daños a cables submarinos y vigilancia encubierta
Según informes de los países bálticos, la OTAN e investigaciones de seguridad marítima, algunos de estos barcos, han estado vinculados a incidentes en oleoductos y cables submarinos en el Báltico y el Mar del Norte.
Realizan rutas “anómalas” justo antes o después de daños críticos y actúan como plataformas de vigilancia bajo la cobertura de transporte petrolero.
Esto forma parte de lo que se denomina guerra híbrida, es decir, ataques encubiertos que permiten negar la autoría, pero causan daño estratégico a la infraestructura europea.
El Kremlin, por su parte, niega todas estas acusaciones, acusa a Occidente de “paranoia” e insiste en que la flota solo busca esquivar sanciones “ilegales”.
Riesgos ambientales y humanos
El sistema es altamente peligroso. Estos petroleros viejos y mal mantenidos pueden causar derrames masivos en cualquier momento. Además, las tripulaciones sufren abandono, abuso laboral y precarización extrema.
Muchos barcos no tienen aseguro válido, por lo que cualquier accidente quedaría sin responsable financiero. La UE calcula que existe un riesgo creciente e inminente de un desastre ambiental provocado por un buque fantasma.
Un sistema mundial que opera en sombras porque todos ganan
La flota fantasma es un reflejo del fracaso colectivo del sistema internacional para controlar el comercio energético. Todos los actores involucrados (productores sancionados, intermediarios, compradores y potencias rivales) obtienen beneficios. Por esta razón existe muy poco interés en detenerla realmente.
Para Rusia, es una válvula que mantiene su economía y su guerra. Para los compradores, es crudo barato. Para los intermediarios, es un negocio multimillonario. Y para actores interesados en provocar inestabilidad, es una cobertura perfecta.
El costo, sin embargo, recae en la seguridad global, el medio ambiente, las tripulaciones explotadas, y un sistema marítimo internacional que necesita transparencia, pero avanza hacia la opacidad.