El acuerdo de paz firmado en octubre de 2025 entre Israel y Palestina, con Estados Unidos como mediador directo bajo la administración de Donald Trump, fue presentado como el mayor avance diplomático de la última década.
El plan incluía un alto al fuego total en Gaza, la liberación de rehenes, el intercambio de prisioneros y una hoja de ruta hacia un posible reordenamiento político y administrativo del territorio palestino.
Sin embargo, a menos de un año de su implementación, el acuerdo enfrenta serios obstáculos. Violaciones al cese al fuego, tensiones regionales, desconfianza histórica y ambigüedades en su diseño han dificultado que se materialice como un camino real hacia la paz.
Acuerdo de paz de 2025 mediado por Estados Unidos
Nos referimos al Gaza peace plan (Plan de Paz para Gaza) mediado por Estados Unidos y Donald Trump. Firmado el 9 de octubre de 2025 entre Israel y Hamas, con la promesa de abrir un horizonte más amplio para el conflicto Israel–Palestina
El pacto fue desarrollado por Washington para detener la escalada militar en Gaza y construir un marco para una posible solución política futura.
Elementos centrales del acuerdo
- Alto al fuego total entre Israel y Hamas, efectivo desde el 10 de octubre de 2025.
- Retiro parcial de tropas israelíes hacia una “línea amarilla” dentro de Gaza.
- Liberación de rehenes israelíes a cambio de 2.000 prisioneros palestinos, incluidos 250 condenados a cadena perpetua.
- Entrada masiva de ayuda humanitaria bajo supervisión internacional.
- Compromiso para la futura reconstrucción de Gaza, con un fondo aportado por EE. UU., la Unión Europea, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
- Creación de una administración palestina “reformada” para gestionar Gaza tras la desmilitarización.
El acuerdo se estructuró en fases, comenzando con la detención del conflicto activo y avanzando (al menos en teoría) hacia discusiones políticas de más largo alcance.
¿Por qué el acuerdo no está funcionando? violaciones, ambigüedades y desconfianza
Pese a su intención, el pacto ha mostrado grietas profundas desde sus primeras semanas.
1. Violaciones constantes del alto al fuego
Organismos internacionales y medios regionales han documentado tanto:
- Ataques aéreos y bombardeos puntuales por parte de Israel, que han dejado decenas de muertos y heridos.
- Intentos de ataque atribuidos a Hamas y otras facciones armadas, que han puesto en alerta a Israel y a los países garantes.
Esto ha generado un clima de tensión que contradice el espíritu inicial del acuerdo.
2. El acuerdo se centra en Gaza, no en el conflicto Israel–Palestina
Expertos señalan que el plan:
- No menciona Jerusalén Este.
- No aborda el tema de los asentamientos en Cisjordania.
- No menciona el estatus final de los refugiados palestinos.
- No resuelve la disputa territorial más amplia, solo una parte del conflicto.
Esto ha llevado a analistas de instituciones como Al Jazeera Centre for Studies y el Council on Foreign Relations a describir el pacto como “un alto al fuego técnico con aspiraciones políticas, pero sin capacidad real para resolver el conflicto histórico”.
3. El rol dominante de Estados Unidos genera desconfianza
Aunque Washington se presentó como mediador, grupos palestinos y algunos países árabes consideran que el acuerdo:
- Favorece a Israel en aspectos clave.
- Otorga a Estados Unidos control excesivo sobre la implementación del plan.
- No garantiza una estructura multilateral sólida que dé equilibrio a las negociaciones.
Esto ha debilitado la legitimidad regional del pacto.
4. Resistencia regional y dudas sobre la fuerza de estabilización
Países como Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Turquía han expresado reservas sobre:
- La propuesta fuerza internacional en Gaza.
- La falta de claridad sobre quién administrará la seguridad.
- La exclusión de ciertos actores palestinos de la negociación formal.
Sin consenso regional, el acuerdo ha quedado políticamente paralizado.
5. Contradicciones en el terreno
Mientras se firmaba el acuerdo, el parlamento israelí debatía proyectos para expandir o formalizar asentamientos en Cisjordania.
Esto fue interpretado por líderes palestinos como una señal de que Israel no está dispuesto a negociar una solución política real.
La visión de expertos y diplomáticos, un acuerdo insuficiente para un conflicto estructural
Analistas diplomáticos coinciden en tres puntos clave:
- El plan reduce la violencia, pero no resuelve la raíz del conflicto.
- La falta de inclusión palestina real limita la durabilidad del acuerdo.
- El contexto regional (Irán, Arabia Saudita, Egipto, Qatar) influye en la viabilidad del pacto. En otras palabras, es un acuerdo técnicamente ambicioso, pero políticamente frágil.
¿Paz o pausa?
La mayor crítica al acuerdo de paz es que parece funcionar más como una pausa estratégica que como un plan verdadero para restaurar la convivencia entre Israel y Palestina. Las partes firmaron un documento que reduce la violencia en el corto plazo, pero no aborda las heridas profundas del conflicto.
Mientras no exista un compromiso real con la autodeterminación palestina, el fin de la ocupación, la seguridad israelí garantizada y un proceso multilateral legítimo, cualquier pacto corre el riesgo de convertirse en un paréntesis más no en una solución.