La decisión del gobierno de Donald Trump de designar a Nicolás Maduro y a sus aliados como miembros de una organización terrorista extranjera marca uno de los puntos más tensos en la historia reciente entre Estados Unidos y Venezuela.
Bajo la figura legal del Cartel de los Soles como “Foreign Terrorist Organization” (FTO), Washington coloca al presidente venezolano en la misma categoría jurídica que grupos como Al Qaeda o Hezbollah, y abre la puerta a un nuevo nivel de sanciones, persecuciones penales e incluso operaciones militares selectivas.
¿Qué implica en la práctica esta formalidad, cómo respondió Caracas y qué busca realmente la administración Trump con este movimiento en un tablero ya inflamado? En la siguiente nota lo analizamos.
¿Qué decidió exactamente Estados Unidos sobre Maduro y el “Cartel de los Soles”?
El 24 de noviembre de 2025, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció la designación del “Cartel de los Soles” como Organización Terrorista Extranjera (FTO), acusando que este entramado criminal venezolano está “encabezado por Nicolás Maduro” y altos mandos de su gobierno y de las fuerzas armadas.
Según el comunicado oficial, el Cartel de los Soles:
- Opera desde Venezuela como red de narcotráfico de alcance internacional.
- Mantiene vínculos con grupos armados como FARC, ELN y células criminales mexicanas.
- Participa en “violencia terrorista” y actividades que amenazan la seguridad de Estados Unidos.
Al incluir al cartel en la lista de FTO, el gobierno de Trump formaliza que Maduro y su círculo gobernante son tratados (en la legislación estadounidense) como miembros de una organización terrorista extranjera, no solo como corruptos o narcotraficantes.
Se trata del punto más alto de una escalada que lleva años. En 2020, la justicia estadounidense ya había imputado a Maduro por narcoterrorismo y ofrecido recompensas millonarias.
En 2025, Trump amplió su “guerra a los carteles” mediante una serie de órdenes ejecutivas que permiten designar carteles y pandillas transnacionales como FTO y SDGT (Specially Designated Global Terrorists), incluyendo al Tren de Aragua.
La novedad ahora es que la figura de Maduro, designado líder de organización terrorista extranjera, se vuelve piedra angular de la estrategia global hacia Venezuela.
¿Qué implica la designación como FTO en términos legales y prácticos?
Bajo la ley estadounidense (Sección 219 del Immigration and Nationality Act), la etiqueta de Foreign Terrorist Organization tiene efectos muy concretos:
- Delito de “material support”: cualquier persona bajo jurisdicción de Estados Unidos que brinde apoyo material, financiero, logístico o de servicios a la organización puede enfrentarse a cargos penales.
- Congelamiento y persecución de activos: el Tesoro puede bloquear cuentas, propiedades y transacciones ligadas al cartel y a individuos considerados parte de él, incluidos Maduro y sus colaboradores.
- Restricciones migratorias extremas: miembros o asociados de la organización quedan sujetos a inadmisibilidad, deportación y vetos de visado.
- Efectos extraterritoriales: bancos, aseguradoras y empresas de terceros países que operen en dólares o con sistemas financieros vinculados a Estados Unidos se exponen a sanciones si negocian con actores relacionados al cartel.
Sin embargo, no es una declaración formal de guerra ni una autorización automática para una invasión.
Expertos citados por medios internacionales recuerdan que, aunque la etiqueta de FTO fortalece el andamiaje jurídico de sanciones y operaciones puntuales no sustituye la necesidad de autorización del Congreso para un conflicto armado abierto.
Aun así, Trump y altos funcionarios han sugerido que esta designación podría justificar “ataques selectivos” contra infraestructuras o individuos ligados al cartel, amparados en la narrativa de lucha contra el “narco-terrorismo”.
La respuesta de Maduro “patraña”, “mentira ridícula” y amenaza de intervención
Caracas reaccionó con furia. El gobierno venezolano calificó la medida de Estados Unidos como una “patraña” y una “mentira ridícula” destinada a justificar una intervención militar contra el país.
En comunicados oficiales y declaraciones públicas:
- La Cancillería venezolana sostuvo que el “Cartel de los Soles” es una construcción política “inexistente” usada para demonizar a las fuerzas armadas y “preparar el terreno para una agresión armada”.
- Maduro habló de “guerra psicológica” y “guerra jurídica”, insistiendo en que Washington pretende quebrar la lealtad militar vinculando a generales y ministros con el narcotráfico.
- Altos funcionarios, como la vicepresidenta Delcy Rodríguez, alertaron que Estados Unidos busca “montar un falso positivo” similar a otras intervenciones en el pasado.
Al mismo tiempo, el chavismo anunció una estrategia de “resistencia prolongada”, con énfasis en tácticas de defensa irregular y retórica de “pueblo en armas”.
Todo esto, mientras denuncia ante foros internacionales que la etiqueta de terrorismo viola el derecho internacional y la soberanía venezolana.
La narrativa de Trump guerra a los carteles, guerra a Maduro
La decisión de declarar terrorista al Cartel de los Soles y a Maduro no ocurre en un vacío. Forma parte de una narrativa que la administración Trump viene construyendo durante su segundo mandato: transformar la “guerra contra las drogas” en una nueva “guerra contra el terrorismo narco-transnacional”.
Como claves del contexto tenemos que:
- Desde la campaña de 2023, Trump repite que “los carteles están en guerra con Estados Unidos” y que es hora de que “Estados Unidos haga la guerra a los carteles”.
- En 2025 firmó órdenes ejecutivas para designar a carteles y bandas como organizaciones terroristas, incluida el Tren de Aragua, vinculándolo indirectamente al propio Maduro.
- Lanzó Operation Southern Spear, un despliegue militar en el Caribe para interceptar embarcaciones que el Pentágono describe como controladas por “narco-terroristas” y que ya dejó decenas de muertos en ataques a lanchas sospechosas.
La culminación simbólica es la etiqueta de Maduro designado líder de organización terrorista extranjera, que fusiona tres líneas de discurso: el colapso democrático venezolano, la crisis migratoria y de seguridad regional, y la promesa interna de mano dura contra las drogas.
¿Qué cambia para Venezuela, sus aliados y el resto del mundo?
La designación no solo afecta a Caracas y Washington. Tiene impactos que viajan por tres dimensiones: diplomática, económica y de seguridad.
1. Aislamiento diplomático ampliado
Varios países aliados de Estados Unidos en la región ya comenzaron a replicar el lenguaje. En algunos casos, a adoptar su propia etiqueta de terrorismo contra el Cartel de los Soles, reforzando la narrativa de “Estado narco-terrorista”.
Eso complica aún más la posibilidad de mediaciones regionales neutrales y presiona a gobiernos que intentaban mantener equilibrios entre Caracas y Washington.
2. Riesgos financieros para terceros
Bancos y empresas que operen con entes públicos venezolanos, PDVSA incluida, enfrentan ahora un nivel adicional de riesgo de sanciones, pues cualquier flujo asociado a figuras catalogadas como parte del cartel puede verse como apoyo material a una FTO.
Países que compran petróleo, oro o minerales venezolanos se convierten en objetivos posibles de presiones secundarias (algo que ya se vio con las tarifas de Trump sobre naciones que importan crudo venezolano).
3. Escalada militar y de seguridad
El despliegue de buques y aeronaves estadounidenses cerca de Venezuela, sumado a la narrativa de “narco-terrorismo”, alimenta los temores de operaciones encubiertas, incursiones limitadas o ataques selectivos contra objetivos militares o logísticos vinculados al gobierno.
Aunque un ataque masivo o invasión abierta sigue siendo políticamente costoso, la etiqueta de FTO baja el umbral, puede justificar acciones puntuales ante la opinión pública estadounidense.
El Cartel de los Soles ¿es realmente un grupo terrorista o un Estado fallido con crimen incrustado?
Ahí está uno de los puntos más polémicos. Varios analistas coinciden en que el Cartel de los Soles no funciona como un cartel clásico ni como una organización terrorista con agenda ideológica.
Más bien se trataría de una red difusa de militares, políticos y operadores que usan estructuras del Estado para traficar drogas y lavar dinero. Revisemos las críticas clave a la designación:
Categoría forzada
Expertos en terrorismo señalan que el concepto de FTO suele aplicarse a grupos con fines políticos explícitos y uso de violencia para imponer una ideología.
El Cartel de los Soles se mueve sobre todo por incentivos económicos y corrupción.
Riesgo de “guerra infinita” ampliada
Comparan la medida con la expansión de la “guerra contra el terror” post 2001, ahora reeditada contra carteles, con peligro de abusos, operaciones secretas y daños colaterales.
Impacto en la población
Venezuela ya sufre una de las crisis humanitarias y migratorias más graves del mundo; una escalada de sanciones y medidas financieras bajo el paraguas antiterrorista puede hundir aún más la economía sin necesariamente debilitar al núcleo duro del poder.
Analizando el contexto la tensión de fondo es clara, ¿la etiqueta de terrorismo contra Maduro es una herramienta para forzar una transición democrática o un atajo explosivo que puede agravar el sufrimiento de millones de venezolanos sin tumbar al régimen?
¿Qué busca Trump con Maduro designado líder de organización terrorista extranjera?
Ahora analicemos la otra parte. La decisión de Trump combina cálculo jurídico, estrategia de presión y, también, política interna. Varios elementos ayudan a entender el movimiento:
1. Refuerzo de la imagen de “mano dura”
En un contexto de polarización y campaña permanente, presentarse como el presidente que “no tiembla” ante Maduro ni ante los carteles. Esto encaja con el relato que Trump ofrece a su base electoral: seguridad, frontera, drogas y enemigos externos claros.
2. Herramienta de presión máxima sobre Caracas
Al etiquetar al entorno de Maduro como terrorista, Washington busca encarecer el costo para cualquier actor (bancos, gobiernos, empresas) que siga haciendo negocios con el Estado venezolano.
Apuesta a un aislamiento tan profundo que podría terminar en una erosión de la lealtad en élites políticas y militares.
3. Mensaje a otros gobiernos aliados de Rusia e Irán
Venezuela funciona como laboratorio. Si la fórmula de terrorismo + sanciones + presión militar se percibe como efectiva, podría replicarse (al menos en el discurso) frente a otros Estados aliados de potencias rivales, enviando una advertencia geopolítica.
4. Apuesta por un “cambio de régimen” sin invasión formal
La etiqueta de FTO no garantiza el derrumbe de Maduro, pero sí permite una serie de pasos graduales: congelar más activos, procesar a colaboradores en terceros países, apoyar operaciones encubiertas de inteligencia e incentivar fracturas internas.
Es una forma de decirle al chavismo: “no habrá retorno fácil a la normalidad mientras este liderazgo siga en pie”.
El problema de fondo es que, hasta ahora, ninguna escalada de presión ha generado una transición política en Venezuela, pero sí ha profundizado el éxodo, la pobreza y el colapso institucional.
La pregunta incómoda es si esta nueva fase (con el sello de terrorismo) repite la misma receta esperando un resultado distinto. En última instancia, la estrategia Trump respecto a Venezuela parece intentar dos cosas a la vez:
- Mostrar poder hacia dentro (a su electorado y al establishment de seguridad)
- Proyectar fuerza hacia fuera (contra un régimen que ve como aliado de enemigos mayores).
La duda, que seguirá abierta en Washington y Caracas, es si al expandir la etiqueta de terrorismo a un gobierno entero, Estados Unidos se acerca más a una solución o a una nueva versión de la “guerra perpetua”.