Lo que debía ser una fiesta planetaria de brillo y coronas terminó convertido en un caso de estudio sobre poder, negocios y crisis reputacional. El Miss Universo 2025, celebrado en Bangkok, Tailandia, coronó a la mexicana Fátima Bosch Fernández, pero la conversación no se quedó en su victoria.
Se mezclaron denuncias de maltrato, acusaciones de fraude, renuncias de jurados, la explosiva salida de Miss Costa de Marfil y, como golpe final, una orden de aprehensión contra Raúl Rocha Cantú, presidente y copropietario del certamen, imputado en México por presunto tráfico de combustibles, armas y drogas.
En este contexto, la pregunta deja de ser quién ganó la corona, y pasa a ser, ¿qué le está pasando realmente a Miss Universo?
Una corona entre aplausos, abucheos y acusaciones de “bullying”
El 19 de noviembre de 2025, Fátima Bosch Fernández, Miss México, fue coronada Miss Universe 2025 en Bangkok. Tenía 25 años y llegaba como una de las favoritas del público.
Pero el cuento de hadas se rompió en directo. En plena competencia, un organizador tailandés, el empresario Nawat Itsaragrisil, la reprendió de forma dura y pública durante una transmisión en vivo, lo que muchos calificaron de humillación y “bullying” hacia la concursante mexicana.
El incidente desató indignación entre varias candidatas, que organizaron un plantón interno y un “walkout” parcial, exigiendo respeto y disculpas.
El organizador tailandés terminó emitiendo una disculpa emotiva; Miss Universo anunció acciones legales y sanciones, y Raúl Rocha se presentó públicamente como el defensor de Bosch frente al maltrato.
Tras la coronación, la polémica no se detuvo. Fátima Bosch recibió una ola de odio digital y mensajes cuestionando la legitimidad del resultado por las conexiones de Rocha con contratos públicos en México, lo que la obligó a publicar un mensaje contundente: “estos ataques duelen, pero no me definen”.
Renuncia de jurados y acusaciones de “resultado arreglado”
La credibilidad del certamen se erosionó todavía más con los movimientos internos del propio jurado.
La salida de Omar Harfouch y las sospechas de manipulación
El empresario y músico libanés Omar Harfouch, miembro del comité de selección, renunció denunciando irregularidades graves. En publicaciones públicas aseguró que:
Algunas finalistas habrían sido preseleccionadas antes de la ronda preliminar, lo que pondría en duda la transparencia del proceso.
La organización habría presionado para construir una narrativa específica alrededor de ciertas candidatas.
Miss Universo negó las acusaciones, pero la renuncia se volvió viral y alimentó la percepción de que el resultado podía haber estado “acomodado”.
No solo Omar, otros miembros se bajaron del barco
La crisis no se quedó en Harfouch. De acuerdo con cobertura internacional, también renunciaron el exfutbolista Claude Makélélé y la presidenta del comité, la princesa Camilla de Borbón-Dos Sicilias, alegando desacuerdos con la conducción del certamen y la gestión de las controversias.
La imagen que quedó hacia afuera fue clara: un jurado fracturado en plena competencia, en un contexto donde cualquier sospecha se multiplicaba en redes sociales.
El terremoto de Miss África la renuncia de Olivia Yacé y la batalla del “visa-shaming”
El siguiente golpe vino de África.
Olivia Yacé, favorita del público que se bajó del podio
La marfileña Olivia Yacé, que había quedado cuarta finalista y ostentaba el título regional de Miss Universe Africa & Oceania, anunció el 24 de noviembre que renunciaba a su corona y rompía todo vínculo con Miss Universo.
En un comunicado publicado en sus redes, Yacé habló de:
- Falta de alineación entre sus valores y los de la organización.
- Necesidad de ser “coherente con su integridad” ante sus seguidores.
- Preocupación por la transparencia y el trato a las candidatas.
El comité de Miss Costa de Marfil (COMICI) anunció de inmediato que se desvinculaba totalmente de Miss Universo y retiraba a Olivia de cualquier mandato o representación futura del certamen.
La respuesta de Raúl Rocha y la acusación de “excusa racista”
Un día después, el presidente de Miss Universo, Raúl Rocha Cantú, declaró en una entrevista que una de las razones por las que Yacé no habría ganado la corona mundial serían las “dificultades de visado” para una representante de Costa de Marfil, insinuando que una Miss Universo necesita poder viajar fácilmente a casi 180 países.
La reacción fue inmediata:
- La francesa Ophély Mézino, ex Miss Guadeloupe y activista, acusó públicamente que usar el tema de las visas como argumento era una “excusa racista”, y cuestionó la sinceridad del discurso de diversidad e inclusión del certamen.
- En redes sociales, muchos usuarios acusaron a la organización de discriminación estructural y de utilizar a candidatas de países con más obstáculos de movilidad como “decorado” de diversidad, sin darles opciones reales de ganar.
Pemex, contratos y acusaciones de fraude ¿se manipuló el resultado?
Mientras el drama estallaba en Bangkok, otro escándalo crecía desde México.
Medios locales revelaron que una empresa vinculada a Raúl Rocha Cantú había ganado una millonaria licitación con Petróleos Mexicanos (Pemex), lo que disparó sospechas de conflicto de interés: un empresario con negocios con el Estado mexicano presidiendo el certamen que corona precisamente a Miss México como ganadora.
Las piezas encendieron teorías de fraude:
- En redes y programas de opinión se planteó que la corona pudo haber sido “política”.
- Algunos exjurados y comentaristas hablaron de “presiones de patrocinadores y gobiernos” para favorecer a ciertos países.
Rocha, por su parte respondió con dureza. Emitió un comunicado negando cualquier vínculo actual con Pemex, aclarando el origen y fechas del contrato, y anunciando acciones legales contra medios que, según él, han difundido acusaciones falsas o difamatorias.
En otra entrevista, aseguró estar “cansado” de la polémica y admitió que está dispuesto a vender su 50 % de participación en Miss Universo porque “ya no es divertido” dirigir un certamen bajo ese nivel de ataque.
¿La crisis llega a tribunales? orden de aprehensión por tráfico de combustibles y armas
El escándalo alcanzó otro nivel el 26 de noviembre de 2025. Distintos medios mexicanos e internacionales informaron que la Fiscalía General de la República (FGR) de México obtuvo una orden de aprehensión contra Raúl Rocha Cantú por delitos de delincuencia organizada, tráfico ilegal de hidrocarburos (huachicol) y tráfico de armas, basados en una investigación que lo vincula a una red transnacional.
De acuerdo con reportes que citan documentos de la FGR y filtraciones de la prensa:
- La red habría operado un esquema sistemático de robo y tráfico de combustibles desde Guatemala, usando centros logísticos en el estado de Querétaro.
- Las armas traficadas presuntamente terminaron en manos de organizaciones criminales mexicanas como el Cártel Jalisco Nueva Generación, La Unión Tepito, el Cártel del Golfo o el Grupo Sombra, según distintos informes.
La causa penal (citada por varios medios) habría sido registrada el 15 de noviembre, es decir, antes de la final de Miss Universo 2025, lo que indica que la bomba judicial ya estaba activada mientras el certamen se celebraba.
Poco después de conocerse la orden, se informó que Rocha se acogió a un programa de testigo colaborador (testigo protegido), llegando a un acuerdo con la FGR para aportar información sobre la red a cambio de evitar la prisión inmediata.
Mientras tanto, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum reconoció públicamente que hay investigaciones en curso, pero pidió no mezclar el caso de Rocha con el mérito de Fátima Bosch, insistiendo en que los presuntos delitos del empresario son “independientes” del desempeño de la reina.
En las redes, sin embargo, la separación no resulta tan simple: la imagen del certamen y la de su dueña de corona están atravesadas por las mismas dudas.
La otra dueña también tiene orden de arresto
Como si fuera poco, la crisis de Miss Universo es doble. La otra copropietaria del certamen, la empresaria tailandesa Anne Jakkaphong (Jakkaphong Jakrajutatip), también enfrenta un mandato de arresto en Tailandia por un caso de fraude relacionado con bonos corporativos de su conglomerado JKN Global Group.
Jakkaphong, que compró la franquicia en 2022 y luego vendió la mitad a Rocha, está ausente de la escena pública, mientras su empresa se encuentra en procesos de reestructuración de deuda.
Es decir, los dos grandes rostros empresariales de Miss Universo están hoy bajo órdenes judiciales en sus países.
¿Qué implica todo esto para Miss Universo?
Más allá del ruido mediático, las implicaciones son profundas:
Crisis de legitimidad del resultado
Renuncias de jurados, denuncias de preselección y la salida de Miss Costa de Marfil golpean el corazón del producto: la idea de que el concurso es una competencia justa.
Golpe a la narrativa de diversidad e inclusión
El argumento del “problema de visas” para justificar la derrota de Olivia Yacé chocó frontalmente con el discurso oficial de inclusión y empoderamiento global; muchas voces lo han leído como una forma sofisticada de discriminación estructural.
Riesgo comercial y de patrocinio
Patrocinadores, gobiernos y cadenas de TV pueden reconsiderar su compromiso con un evento cuyos dueños enfrentan acusaciones de crimen organizado, fraude y huachicol. El valor de la marca queda en entredicho.
Posible venta y cambio de modelo
El propio Rocha admite que está dispuesto a vender su participación. Si eso ocurre, Miss Universo podría cambiar de manos otra vez en pocos años, en plena tormenta de rebranding, caída de audiencias y críticas feministas a los concursos de belleza tradicionales.
¿Qué busca ser Miss Universo en pleno 2025?
La historia reciente de Miss Universo 2025 parece menos un cuento de princesas y más un expediente de tribunales. Lo que se juega ya no es solo una corona: son los valores que el certamen dice representar.
Por un lado, las participantes hablan de sacrificios personales, preparación, disciplina y deseo genuino de inspirar a otros.
Por otro, las decisiones empresariales, las opacidades y ahora las acusaciones penales contra sus dueños revelan un modelo que sigue anclado a poder económico, redes políticas y estructuras opacas.
La pregunta de fondo es incómoda, ¿puede un concurso que se presenta como plataforma de empoderamiento seguir en manos de empresarios investigados por delitos tan graves como el tráfico de combustible y armas, sin revisar a fondo su modelo de gobernanza y transparencia?
Si Miss Universo quiere seguir existiendo en una era donde el escrutinio es global y permanente, tendrá que hacer algo mucho más profundo que cambiar de logo o de presentador.
Tendrá que demostrar, con hechos y no solo con discursos, que la belleza que dice premiar también incluye ética, justicia y coherencia.