En un hotel de Yarumal, un pueblo frío y montañoso del norte de Antioquia, Colombia, las autoridades encontraron algo que parecía sacado de una crónica de otro país: 26 personas pertenecientes a una secta ultraortodoxa judía, entre ellas 17 menores extranjeros, varios de ellos buscados por Interpol.
Lo que empezó como un reporte anónimo sobre un grupo extraño que no se mezclaba con nadie terminó destapando la presencia en Colombia de Lev Tahor, una comunidad religiosa itinerante, señalada en varios países por abuso infantil, matrimonios forzados y trata de personas.
El operativo en Yarumal ¿cómo encontraron a los 17 menores?
Migración Colombia explicó que el hallazgo se dio tras reportes ciudadanos sobre la presencia de familias extranjeras que llamaban la atención por su vestimenta y el aislamiento en el que vivían en un hotel de Yarumal, Antioquia.
El 23 de noviembre, un operativo conjunto de Migración Colombia, el Gaula Militar del Ejército, el ICBF y Policía Judicial llegó al lugar. Allí verificaron la situación migratoria de 26 personas, entre ellas 17 menores de edad de nacionalidades estadounidense, canadiense y guatemalteca.
Cinco de esos niños tenían circular amarilla de Interpol, una alerta internacional que se emite para reportar desapariciones o posibles víctimas de secuestro y trata.
Las familias (siete en total) habrían ingresado al país entre el 22 y 23 de octubre procedentes de Nueva York y Panamá, y permanecían en Yarumal mientras, según las autoridades, buscaban una propiedad rural para asentarse.
Los 17 menores fueron puestos bajo protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y trasladados a Medellín para recibir acompañamiento psicológico y social, mientras se coordinan acciones con las autoridades de Estados Unidos, Canadá y Guatemala para esclarecer si fueron raptados o trasladados sin consentimiento.
Por ahora, no hay órdenes de captura contra los adultos en Colombia, pero la directora de Migración, Gloria Arriero, ha señalado que lo más probable es que se inicien procesos de expulsión o deportación.
¿Quiénes son Lev Tahor? la secta itinerante que huye de la justicia
El grupo al centro de este caso se llama Lev Tahor (“corazón puro” en hebreo). No es una comunidad judía cualquiera, ni representa al judaísmo en general. Se trata de una secta extremista, con entre 200 y 300 miembros, fundada a finales de los años 80 por el rabino Shlomo Helbrans.
Entre sus rasgos más llamativos, documentados por autoridades y medios:
- Interpretación extremadamente rígida de la ley judía.
- Mujeres y niñas completamente cubiertas de negro, desde la cabeza hasta los pies, desde los tres años.
- Largas sesiones de oración, aislamiento del mundo exterior y ruptura casi total con la escuela y la educación formal.
- Denuncias persistentes de matrimonios arreglados entre adolescentes, embarazos forzados, castigos físicos y control absoluto sobre la vida cotidiana.
Lev Tahor tiene un patrón: cuando la presión legal aumenta en un país, se muda. Ha pasado por Israel, Estados Unidos, Canadá, Guatemala, México, varios países de los Balcanes y ahora intentaba instalarse en Colombia.
Cada movimiento suele ir seguido de investigaciones, allanamientos o procesos judiciales vinculados a maltrato infantil, secuestro y abuso sexual.
Un historial pesado abusos, secuestros y macrooperativos en otros países
Lo que ocurrió en Yarumal no es un caso aislado. Es la continuación de una historia que se repite con variaciones en distintos países:
Canadá (2011–2013)
Autoridades de protección infantil documentaron problemas graves de higiene, hacinamiento y educación irregular; se investigaron denuncias de abuso físico y psicológico contra adolescentes.
Estados Unidos (2018–2024)
Varios líderes de la secta fueron condenados en Nueva York por secuestro internacional y explotación sexual infantil, después de orquestar el rapto de una niña de 14 años para devolverla a un matrimonio forzado dentro del grupo.
México (2022)
Operativos policiales en Chiapas desmantelaron un campamento de Lev Tahor, con rescate de menores y detención de integrantes acusados de delitos contra niños.
Guatemala (diciembre de 2024)
Tal vez el caso más fuerte, donde 160 niños y adolescentes fueron rescatados de una finca en Oratorio, Santa Rosa, tras denuncias de abuso sexual, violaciones, trata de personas y matrimonios forzados.
La comunidad judía local se desmarcó completamente de la secta y respaldó las investigaciones. En todos estos episodios, las autoridades describen un mismo patrón: control total sobre los menores. Colombia aparece ahora como el nuevo eslabón de esa cadena de huida y reconstrucción.
¿Qué se investiga ahora en Colombia? trata, secuestro y un intento de asentamiento
El comunicado de Migración Colombia y las declaraciones posteriores hablan de un escenario que todavía se está armando, pero ya tiene piezas importantes:
- Las familias de Lev Tahor entraron de forma regular al país, con pasaportes en regla, pero sobre varios niños existían alertas internacionales por secuestro y trata.
- La hipótesis principal es que el grupo pretendía establecer una nueva “colonia” en zona rural de Antioquia, replicando el modelo de fincas cerradas que ya han tenido en Guatemala y México.
- Migración Colombia y el ICBF trabajan con Fiscalía, autoridades de Estados Unidos, Canadá y Guatemala para reconstruir la ruta de los menores: quién los sacó, con qué permisos, cuál es su situación legal y quién los busca en sus países de origen.
Por ahora no hay capturas en Colombia, pero el país dejó claro que no permitirá que la secta convierta su territorio en refugio para prácticas que otros Estados ya consideran delictivas.
En la práctica, Colombia está funcionando como un “freno de emergencia”. Asegura a los menores, revisa su situación y usa la vía migratoria (expulsiones, inadmisiones) para sacar del país a los adultos, mientras otros sistemas judiciales siguen sus procesos.
La comunidad judía en Colombia marca distancia “no nos representan”
Ante el impacto mediático del caso, uno de los riesgos era obvio, asociar a toda la comunidad judía con una secta extremista denunciada por abusos. Por eso, la reacción fue rápida.
La Confederación de Comunidades Judías de Colombia emitió un comunicado en el que:
- Respaldó el operativo de Migración Colombia y las fuerzas militares en Yarumal.
- Afirmó que Lev Tahor “no representa al judaísmo ni a sus tradiciones”.
- Rechazó la presencia de esta secta en territorio colombiano y sus prácticas “contrarias a la ley y a los valores judíos”.
En Medellín, líderes judíos locales hicieron un llamado adicional donde pidieron no estigmatizar a la comunidad judía por el accionar de un grupo extremista. Ellos reiteraron su apoyo a cualquier medida que proteja a los menores rescatados.
Siendo este un punto clave para entender el contexto, Lev Tahor no es “el judaísmo”, es una secta radical aislada y señalada también por organizaciones judías en otros países.
Más allá del caso Yarumal qué revela este episodio sobre nuestras vulnerabilidades
El caso Lev Tahor en Antioquia deja varias lecciones incómodas para Colombia y la región.
Países “de paso” que se vuelven refugio
El historial de la secta muestra que buscan Estados donde puedan instalarse rápido, comprar tierras, vivir aislados y aprovechar vacíos institucionales.
Colombia, con amplias zonas rurales, fronteras porosas y un sistema sobrecargado, se vuelve terreno atractivo si no hay alertas tempranas.
Menores extranjeros como víctimas silenciosas
Niños y adolescentes cruzan fronteras bajo la fachada de viajes familiares o migración religiosa, pero en realidad pueden estar en contextos de control coercitivo, sin acceso a escuela, servicios médicos ni protección.
Cuando finalmente las autoridades intervienen (como en Guatemala o ahora en Colombia) ya han pasado años de vulneración.
El reto de no criminalizar la fe, pero sí el abuso
El operativo en Yarumal no se dirigió contra el judaísmo ni contra la religión en general, sino contra una secta señalada de delitos graves.
El equilibrio es delicado, proteger la libertad religiosa sin permitir que se use como escudo para la violencia, el abuso o la trata de personas.
Cooperación internacional que llega tarde
Las órdenes de Interpol, las investigaciones en Nueva York, los juicios en Guatemala o las operaciones en México muestran que la información existe. El reto es que llegue a tiempo a los países donde el grupo intenta reubicarse.
En este caso, un aviso anónimo fue el detonante que evitó que se consolidara un nuevo enclave cerrado.
Proteger a los niños por encima de cualquier doctrina
Más allá de la palabra “secta”, este caso va de algo mucho más simple y más grave: niños.
Niños que cruzan fronteras, cambian de país sin entender por qué, son educados para temer al mundo exterior y, en demasiados testimonios, son usados como piezas de un sistema de control religioso y sexual.
Colombia, esta vez, llegó antes de que se levantara una nueva finca cerrada, un nuevo muro de silencio. Pero la historia de Lev Tahor muestra que, si un país cierra la puerta, el grupo suele buscar la siguiente.
Mientras no respondamos con sistemas de alerta temprana, cooperación judicial real y una prioridad clara, casos como el de Yarumal seguirán apareciendo en el mapa. Solo cambiarán el nombre del pueblo y el color del uniforme de quienes entran a rescatar.